Somos


El tiempo y su prisa por vernos crecer, o quizás nosotros seamos los que con la mirada adelantamos las manecillas del reloj impacientes por conocer un futuro lejano.


Qué  bonita casualidad, tu haces que ese reloj tan veloz se ralentice. Aprovechamos cada segundo mucho más, cada beso y cada caricia antes de las dos de la madrugada.


Si el tiempo no existiese tal vez el mundo seria mucho más feliz, o por lo menos, nadie esperaría la hora de morir, nadie establecería un día fijo para cumplir años, o celebrar aniversarios rodeados de velas. Odio al tiempo, cada vez que puedo huyo de el, de cualquier maldito aparato que me establece limites con números.


Creo que nosotros somos nuestro propio tiempo, decidimos cuándo besarnos por primera vez, en un bosque o el centro de Nueva york, decidimos cuándo fundir las almas en una, creamos espacios futuros, pequeños detalles, y sueños que probablemente nunca se cumplan. Somos dueños de nuestro destino. Aunque también las casualidades sorprenden, tu no paras de hacerlo en ningún momento, ni se como hemos llegado hasta aquí, como tu espalda es ahora mi segunda casa, o como de loca me vuelve tu rostro de perfil.


Somos el aire que respiramos, yo te respiro, tu me respiras, en un beso, o en un suspiro infinito. Somos el ritmo que coordinan nuestros corazones a la par, y el sonido de los zapatos a la orilla del mar. Somos más que la nada, y menos que el todo. Porque somos insaciables, siempre nos viene bien un beso de más, o una hora que sumarle al despertador cuando dormimos en un mirador de luces.


Somos el limón y la sal de un vaso de tequila, dos pequeños condimentos unidos para hacer de la vida algo menos amargo. Para hacer brillar los ojos de quien nos mire, y hacer llorar de emoción con nuestros diálogos tan sinceros que poco se ven ya.


Somos eso que nadie imagina, y que hemos conseguido. Lo que nadie entiende, y que encaja conmigo a la perfección. Somos amor envueltos de magia, eso que te hace fijarte en las pequeñas cosas, en como la oreja izquierda se vuelve más roja que la derecha cuando tienes calor, como sé en que momento me vas a mirar, y como huyes de mi boca cuando roza tu cuello ardiente.


Somos extractos de luna flotante en un suelo moribundo de vida, somos angeles humanos, imperfectos, pero la envidia de todo el comité astronómico que nos observa. Y así te quiero yo, haciendo de nosotros, un único ser.
Y me di cuenta de qué encontré a lo que algunos llaman media naranja cuando tu y yo, pasó a ser un ‘somos’ hecho a medida.

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