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La vida

Cierro los ojos, veo el hilo de la vida Tantas noches a oscuras, observando la caída Sintiendo que rozar las nubes era algo imperfecto, Que había curvas en el camino y me empeñaba en hacerlo recto. Quiero observar mi locura, dejarla fluir, Como aquel drogadicto que busca un cambio Pero que solo él puede lograrlo. Después de tanta exigencia, a velocidad de liebre, Respiras, empiezas a concienciarte que la vida, Es avanzar, y sobre todo aceptar, Que por muchos fallos que hoy cometas La clave está en cómo lo interpretas. El amor perdido, es lo que ansiaba buscando, Y que con puñales en el pecho he vivido esquivando Miedo a mi fuerza, miedo a mi debilidad, Ambas naturales para amar con naturalidad. Quiero caer, quiero sentir la tristeza del corazón roto, Sentirla y empezar a verla con otros ojos. Romper esa barrera que impide que el amor salga Que las ideas vengan,  y que mi pasado caiga. Tan solo aprendizaje, tan sencillo como escuchar al coraz...

4 elementos

Muchos científicos cuentan que en la naturaleza hay vertidos cuatro elementos fundamentales para la supervivencia humana. Les faltó nombrarte. Faltó nombrar al más vital para la vida, o al menos para la mía. Puedo demostrarlo con hechos, con fotografías en blanco y negro o con recuerdos perdidos en árboles sin hojas. Te escribo por ser la tierra en forma de espalda donde tumbarme para ver salir el sol, o para acostarme cuando el sueño se deja ver. Eres la tierra donde nacen miles de flores con pétalos de sensaciones, donde florece el amor en cada semilla. Adoro esos pequeños terremotos que me hacen temblar de felicidad cada mañana. Y la forma en la que tu piel brilla a la luz de las velas en otoño. Te escribo por ser el aire que llena mis pulmones, por la brisa angelical que sale de tu alma dándome ganas de volar en cada susurro flojo. Por formar el mayor huracán que ha vivido mi vida y por hacer que se vuelque hasta romper todos los males contaminados que inundaban mi corazó...

En la estación diferente, se hallaba la respuesta

Dos trenes a punto de descarrilarse, ya ni si quiera recordaban hacia dónde se dirigían. Las ruedas tenían agujeros, y los cristales estaban empañados. ¿Como va a continuar el viaje si no está en condiciones de viajar? Sabíamos que algo no iba bien, pero solos no podíamos arreglar todos los desperfectos. Veíamos muchas estaciones en las que podíamos coger otro tren, pero el amor ciego te impide verlo. Hasta que llegó el día en que decidimos parar, bajarnos, andar y andar. La casualidad hizo el resto. Nos conocimos en una nueva estación, apartada de todo el mundo, en un tren gris, el número tres creo recordar. Nos subimos. A medida que pasaba el tiempo, sabíamos que estábamos en el compartimento correcto, con la persona perfecta. No hay que ser muy listo para saberlo. Mirábamos el paisaje, reíamos sin parar, respirando el aire de una nueva oportunidad.