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Mostrando entradas de agosto, 2017

Nos fuimos a Berlín (segunda parte)

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A la mañana siguiente nos levantamos y desayunamos en el buffet. Fue la única vez. Nuestra intención era comprar comida y comer en la habitación. Pero qué bien sienta comer todo lo que quieras por un rato. Cuando acabamos nos fuimos al metro y llegamos a Alexander Platz, nuestro punto de encuentro con la guía. Se llamaba Laura. En el grupo, todos éramos españoles  y conocimos a mucha gente. Empezamos la ruta por la ciudad, y a cada paso nos gustaba más. Iglesias, fuentes, edificios... Nos explicó la magnífica historia de la capital alemana, que da para mucho. Berlín es una ciudad que ha estado dividida muchísimos años y hoy aún está dividida en cierta manera. La guerra hizo estragos en su gente y en el espacio. Había monumentos dedicados a los judíos e iglesias católicas y protestantes. La famosa isla de los museos, canales, universidades, plazas, todo era una pasada. Una locura. Estabamos a -2 grados. Nuestra nariz no esta acostumbrada a respirar aire helado.  Volvimos...

Cupido

El niño al que cupido rompió con una flecha. Ese que ahora no puede dormir escuchando canciones de desamor. Tiene el corazón agrietado como el que se enamora sin camino de vuelta. Ha perdido la cabeza por unos ojos tristes y ahora no hay nada que le guste más que bailar bajo la tristeza. Le resulta casi adictivo escuchar la palabra adiós. Porque no escucha. Se pierde en sus labios esperando un beso que no va a llegar. Las calles se quedan vacías y pinta su nombre en las paredes. Y ahora no hay marcha atrás, solo queda avanzar y toparse contra la indiferencia, contra barreras difíciles, contra inseguridades... Cupido no es un trabajador cualquiera, es otro niño que solo quiere jugar a repartir amor por el mundo, aunque mate.

Instinto animal

Tenemos mal enfocado el concepto de instinto animal. Los humanos tan estúpidos como siempre le han dotado de unas connotaciones bastante negativas. Comer en exceso como un animal, pegar muy fuerte, cuando dices cosas malsonantes... pero para mí el verdadero instinto animal está en otra parte y en otras cosas. La naturaleza nos regala miles de instintos que por suerte muchos de ellos son buenos. Como el que tiene un perro cuando te protege pese a haberle abandonado, el que siente una madre por su hijo, el instinto de sentirse en paz cuando estás rodeado de naturaleza. Animal. ¿Acaso la razón nos ha hecho olvidar que dejarse llevar por los instintos puede ser un camino también? Me siento animal cuando protejo, cuando huyo, cuando me pierdo en un bosque o me adentro en el mar, cuando siento la furia de los lobos y la paz de un león dormido. Cuando siento y solo siento. Ser un animal nos da humanidad.