Nos fuimos a Berlín (segunda parte)
A la mañana siguiente nos levantamos y desayunamos en el buffet. Fue la única vez. Nuestra intención era comprar comida y comer en la habitación. Pero qué bien sienta comer todo lo que quieras por un rato.
Cuando acabamos nos fuimos al metro y llegamos a Alexander Platz, nuestro punto de encuentro con la guía. Se llamaba Laura. En el grupo, todos éramos españoles y conocimos a mucha gente.
Empezamos la ruta por la ciudad, y a cada paso nos gustaba más. Iglesias, fuentes, edificios... Nos explicó la magnífica historia de la capital alemana, que da para mucho.
Berlín es una ciudad que ha estado dividida muchísimos años y hoy aún está dividida en cierta manera. La guerra hizo estragos en su gente y en el espacio. Había monumentos dedicados a los judíos e iglesias católicas y protestantes.
La famosa isla de los museos, canales, universidades, plazas, todo era una pasada. Una locura. Estabamos a -2 grados. Nuestra nariz no esta acostumbrada a respirar aire helado.
Cuando acabamos nos fuimos al metro y llegamos a Alexander Platz, nuestro punto de encuentro con la guía. Se llamaba Laura. En el grupo, todos éramos españoles y conocimos a mucha gente.
Empezamos la ruta por la ciudad, y a cada paso nos gustaba más. Iglesias, fuentes, edificios... Nos explicó la magnífica historia de la capital alemana, que da para mucho.
Berlín es una ciudad que ha estado dividida muchísimos años y hoy aún está dividida en cierta manera. La guerra hizo estragos en su gente y en el espacio. Había monumentos dedicados a los judíos e iglesias católicas y protestantes.
La famosa isla de los museos, canales, universidades, plazas, todo era una pasada. Una locura. Estabamos a -2 grados. Nuestra nariz no esta acostumbrada a respirar aire helado.
Volvimos al hotel después de pasar toda una mañana caminando por la ciudad. Tras ducharnos bajamos a cenar a un restaurante italiano 'Verona'. También visitamos la típica tienda veinticuatro horas para comprar todo tipo de dulces y comida. Eso no podía faltar.
A la mañana siguiente, nos fuimos a visitar el campo de concentración de Berlín. Había de media a una hora en tren, no recuerdo bien. Ese día marcó un antes y un después en este viaje. Y en aquel momento tuve una sensación totalmente diferente a todas las que había vivido con anterioridad. Me sentí tan cerca de la muerte y del dolor que la tristeza era imposible de evitar. La historia a veces resulta ser de lo más horrible. La atmósfera estaba nublada y cada rincón de aquel campo era más siniestro que el anterior. Visitamos los barracones, los de verdad, donde en una cama dormían tres hombres, donde comían y vivían judíos en condiciones infrahumanas. Hasta que morían de miles de formas diferentes. Y en realidad, no era el peor campo de concentración, el peor está en Polonia. Después de ver mil formas de morir a cada paso que daba, más valoraba la vida, quería volver a mi casa. Sentí rabia, tristeza, pena, una profunda pena de lo que el ser humano es capaz de hacer.
Al día siguiente nos dedicamos a dar vueltas por el centro de Berlín y hacer vídeos y fotos por doquier. Ahora que escribo esto en verano es difícil imaginar sentir frío, pero os juro que calaba los huesos. Esa noche quedamos con unos amigos de Sevilla para dar una vuelta y volver al aeropuerto a la mañana siguiente. Antes, decidimos subir a la torre de televisión de Alexander Platz, la más alta de Europa. Era increíble. Se veía todo, en todas las direcciones. Una locura. Bajamos corriendo y casi perdemos el tren.
Al final, en cada viaje te encuentras personas envueltas en aventuras como tú, con las que pasar unos días sin conoceros, y que ni siquiera importe. Descubres lugares, climas, costumbres, personas distintas... y sobre todo descubres una parte más de ti mismo. Y la parte de ti que dejas allí.
Nunca olvides que no importa el lugar, importas tú. Siempre.
Bea.
A la mañana siguiente, nos fuimos a visitar el campo de concentración de Berlín. Había de media a una hora en tren, no recuerdo bien. Ese día marcó un antes y un después en este viaje. Y en aquel momento tuve una sensación totalmente diferente a todas las que había vivido con anterioridad. Me sentí tan cerca de la muerte y del dolor que la tristeza era imposible de evitar. La historia a veces resulta ser de lo más horrible. La atmósfera estaba nublada y cada rincón de aquel campo era más siniestro que el anterior. Visitamos los barracones, los de verdad, donde en una cama dormían tres hombres, donde comían y vivían judíos en condiciones infrahumanas. Hasta que morían de miles de formas diferentes. Y en realidad, no era el peor campo de concentración, el peor está en Polonia. Después de ver mil formas de morir a cada paso que daba, más valoraba la vida, quería volver a mi casa. Sentí rabia, tristeza, pena, una profunda pena de lo que el ser humano es capaz de hacer.
Al día siguiente nos dedicamos a dar vueltas por el centro de Berlín y hacer vídeos y fotos por doquier. Ahora que escribo esto en verano es difícil imaginar sentir frío, pero os juro que calaba los huesos. Esa noche quedamos con unos amigos de Sevilla para dar una vuelta y volver al aeropuerto a la mañana siguiente. Antes, decidimos subir a la torre de televisión de Alexander Platz, la más alta de Europa. Era increíble. Se veía todo, en todas las direcciones. Una locura. Bajamos corriendo y casi perdemos el tren.
Al final, en cada viaje te encuentras personas envueltas en aventuras como tú, con las que pasar unos días sin conoceros, y que ni siquiera importe. Descubres lugares, climas, costumbres, personas distintas... y sobre todo descubres una parte más de ti mismo. Y la parte de ti que dejas allí.
Nunca olvides que no importa el lugar, importas tú. Siempre.
Bea.


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