Música
Las suaves notas de un piano triste sonando en mis oídos,
canción tras canción. Mi alma triste a la par, momento tras momento. A veces me
pregunto: ¿qué hace un ángel viviendo en un continuo infierno ansioso de
libertad?Pero la vida decide por el, decide todos sus movimientos, sin
posibilidad de hacer nada. Do, re, fa sostenido, volando por lo bemoles de un
si; ansiado si. Decisivo, lleno de comprensión pero lleno de baja tonalidad; como suena el miedo. El miedo de una madre a cantar sí en demasía, por si la
canción se le va de las manos.
Cómo la música está en las comparaciones filosóficas, cómo
nos acompaña a lo largo de nuestra vida, desde el sonar de una voz familiar, a
la canción que pusieron en la boda de hace unos años. Y sin hablar de cómo se
siente un músico, sus manos suaves afinando las cuerdas de la guitarra que
tantos ratos le ha acompañado. O las manos de un pianista prestas a pulsar las
teclas y convertir en melodías todo lo que va creando. Sensaciones mágicas que sienten las personas
únicas. No hay nada como leer una partitura, hacer que tenga sentido en un
instrumento y hacer sentir la emoción a las personas que son capaces de
escuchar la pieza con el corazón.
Hace que tengamos miedo, que al tener lágrimas en los ojos, solos
en nuestro cuarto, nos este consolando a través de frases que nos hacen
reflexionar. Hace que bailemos, lento, rápido, alocadamente o a ritmo de vals,
nos hace saltar en mitad de una feria, y recordar a personas que ya no están
cuando suena su canción favorita en la radio.
Pensad que sería el mundo sin música, sin armonía, solo el
ruido de los coches, el toque de una sirena, sin musicales, al mundo lo recubriría
un vacío enorme, la gente se apagaría, los cantantes no sabrían quienes son, no
estaría escribiendo esta composición, ya que no estaría dándose lugar en mis
cascos la gran sinfonía a piano que suelo escuchar siempre que escribo.
Desaparecerían las ultimas sonrisas de una persona que esta a punto de morir, desaparecerían
películas, los coros de voces blancas, esos momentos de ‘tócate algo, yo te
acompaño con las palmas’, o ‘mamá, vamos a cantar un villancico que es navidad’.
Y yo como músico, puedo hablar con el espíritu en la mano,
diciendo que la música llena mi vida, y que sin ella, probablemente faltarían pedacitos
de mi. Jamás dejare de ejercerla, sería la mayor de las perdiciones para
un alma sedienta de anacrusas y claves de sol tan llenas de luz, deseosa de
hacer brillar a todo aquel que este dispuesto a escuchar.
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