Los domingos
Creo que a todos nos pasa en cierta medida. Los domingos son días de reflexión y pasividad. El sentimiento que produce es demasiado extraño como para explicarlo con palabras. El mismo entorno transmite tristeza: los comercios cerrados, las calles desiertas, la televisión en modo relleno. Los adultos solo lo esperan para poder parar de trabajar un momento, como si fuese un suspiro que se escapa sin querer. No les queda otra que aprovecharlo. Pero son días grises aun habiendo sol. Algo por dentro nos lo dice. Marcan el final, y a los seres humanos, no nos gustan los finales, nos dan miedo, nos entristecen. Nos enturbia pensar que ya no recuperarás esa maldita semana nunca más y que el domingo ha vuelto a llegar para gritártelo a la cara. No puedes hacer un plan para volver a las tantas ni puedes ser libre totalmente porque te apresa el día siguiente sin querer.
Y llega. El sol sale por el este, la luna se esconde tras las montañas, y el cielo se tiñe de tonos pasteles. Comienzan nuevos proyectos, sonríes por vivir un día más y poder hacer algo productivo. Olvidarte de tu cama y la comodidad para salir ahí afuera a comerte el mundo. Los lunes son rutina, son necesarios. Son inicios de períodos, a todos nos gusta nacer, y renacer cuando morimos. Por eso, el domingo terminamos de rompernos para arreglarnos el lunes con tiritas en las heridas. Cogemos impulso y saltamos, dejamos de llorar, apartamos los problemas para emprender un nuevo camino o nuevas vías de escape. Los lunes son salvación, y los domingos días para pensar en ello.
Y llega. El sol sale por el este, la luna se esconde tras las montañas, y el cielo se tiñe de tonos pasteles. Comienzan nuevos proyectos, sonríes por vivir un día más y poder hacer algo productivo. Olvidarte de tu cama y la comodidad para salir ahí afuera a comerte el mundo. Los lunes son rutina, son necesarios. Son inicios de períodos, a todos nos gusta nacer, y renacer cuando morimos. Por eso, el domingo terminamos de rompernos para arreglarnos el lunes con tiritas en las heridas. Cogemos impulso y saltamos, dejamos de llorar, apartamos los problemas para emprender un nuevo camino o nuevas vías de escape. Los lunes son salvación, y los domingos días para pensar en ello.
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